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EL PETIRROJO Y EL ESPANTAPAJAROS

Había una vez un hortelano que se sentía muy orgulloso, porque todo el mundo le decía que tenía el mejor huerto en muchos kilómetros a la redonda.

Tenía plantadas todo tipo de verduras y algunas frutas, una parte de lo que cultivaba lo destinaba al consumo propio de casa, pero como era muy trabajador y lo cultivaba con tanto mimo, las frutas y verduras se hacían grandes y hermosas, así que el hortelano se ganaba un buen sueldo vendiendo parte de su cosecha.

Ni que decir tiene que su fama era reconocida por todos y que antes que recolectara la cosecha ya tenía compradores dispuestos a llevársela.

A su mujer también le gustaba mucho trabajar y ella tenía su rincón con flores, cultivaba azaleas, gladiolos, rosas, margaritas de todos los colores, las prímulas que eran las primeras en dar colorido en primavera, en fin flores que daban color todo el año a su precioso jardín.

El hortelano era muy aficionado a ofrecer a su esposa un buen ramillete de esas flores, su favorito eran las hortensias de invierno con ese colorido tan especial entre fucsia y lila. Pero además de ofrecérselas a su esposa solía hacer trasplantes y regalarlas.

Tenía también un par de buenos compañeros en el huerto, se trataba de dos pajarillos petirrojos, con su babero puesto siempre, parecía que estaban dispuestos a comer a todas horas, según movía la tierra ya estaban ellos allí en busca de alimento.

Se aproximaban tanto a él que incluso alguna vez los hubiera podido tocar, disfrutaba de su compañía viéndolos ir y venir, hacer sus nidos, siempre les dejaba agua en algún cacharro para que se refrescaran en verano, se puede decir que eran inquilinos del huerto y que vivían todos en armonía. 

La paz de este huerto, contrastaba con el que había a su lado, era todo lo contrario, el dueño era un personaje con cara de ogro, este hombre solo se ocupaba de cuidar sus árboles frutales, los sulfataba a destiempo, los cuidaba poco y para colmo de males, desde hacía algún tiempo se habían instalado por los alrededores urracas, palomas y algunas gaviotas despistadas que no le daban lugar a la fruta a madurar mucho, según se ponían un poco tiernas eran picoteadas por aquellos “pajarracos” como los llamaba aquel hombre malhumorado que por más que los intentaba echar, ellos siempre volvían.  

Llego a comprarse una escopeta de balines, pero no se iban de ninguna manera, el ruido les asustaba un rato pero volvían enseguida. Una noche el hombre estuvo dando golpes en su casa hasta bien entrada la mañana y por fin salió cargado hacia su huerto, llevaba unos palos cruzados con una calabaza pinchada encima.

La había recortado tanto que asustaba al miedo, con unos golpes lo colocó en el centro del huerto y luego volvió a la casa y salió con unos trapos que le había dado su esposa, se los coloco al espantapájaros y la verdad es que a él mismo le dio un poco de miedo mirarlo. La chaqueta que le puso encima de la paja que recubría la madera, era negra y en lugar de pantalón tenía unas tiras rasgadas de tela que ondeaban con el viento y al final de los brazos que tenía en cruz, donde acababa la chaqueta había pegado trozos de espejo que chocaban entre si y entre el ruido y los reflejos de la luz que despedían, los pajarracos, optaron por salir huyendo, así que por una vez el hombre era feliz de ver que su invento funcionaba a las mil maravillas. 

A la mañana siguiente los dos petirrojos desde su huerto vieron al espantapájaros y se asustaron, no sabían lo que era pero ni se les ocurriría acercarse a mirarlo, solo verlo de lejos les provocaba pesadillas.

Fue pasando el tiempo y el pobre espantapájaros presentaba un aspecto horroroso, hasta él mismo se daba pena, su amo lo había colocado en medio de los árboles frutales, pero se había olvidado de él.

De lejos veía a unos petirrojos en el huerto de al lado, disfrutaba viéndolos perseguirse revoloteando por todas partes, vio nacer a sus hijitos, los vio retozar por el huerto hasta que se hicieron un poco mayores y se fueron a buscar su propio huerto.

Que bonita era la vida de aquellos pajarillos, pensaba el espantapájaros, siempre de un lado para otro llevando ramitas, jugando, buscando gusanitos en el suelo recién excavado, y él sin embargo estaba allí clavado y como su aspecto era tan horrible ya no tenía ni pájaros cerca a quien asustar.

En estos y otros pensamientos andaba el pobre espantapájaros mientras el invierno iba haciéndose dueño de todo. Se fue dando cuenta que el hortelano del huerto vecino ya no movía la tierra, ni se le volvió a ver por el huerto, alguien recogió la cosecha pero ya no se volvió a plantar nada nuevo y las malas hierbas se adueñaron del lugar.

Un día en el que el matrimonio de su huerto fue revisando los árboles les oyó decir que el vecino de la huerta de al lado estaba muy enfermo y no podía trabajar.

El espantapájaros que tenia buen corazón lamento oír aquella noticia. Fue observando el huerto de al lado y vio a los petirrojos sufriendo porque ya no había la tierra movida donde buscar gusanos, solo había malas hierbas, los veía tristes porque durante años nunca había faltado de su huerto y dando tiempo a ver si volvía el hortelano.

A los petirrojos se les hecho el invierno encima, con las ramas secas que tiraba el hortelano los petirrojos recomponían su nido hasta la primavera, pero este año las nevadas llegaron casi por sorpresa así que la nieve se coló por el nido y los pobres pajaritos andaban perdidos buscando un refugio en medio de tanto frío.

Lo estaban pasando realmente muy mal, el espantapájaros los veía y sentía lastima por ellos, si no conseguían un refugio morirían de frió y él no estaba dispuesto a consentirlo, había pasado muy buenos ratos viéndolos jugar y aunque sabía que le tenían mucho miedo se arriesgo a llamarlos cuando los vio cerca.

- Psssss, psssss - les dijo para llamar su atención.      

- ¿Eh, alguien nos está llamando? - dijo el petirrojo con voz muy cansada.

- Soy yo, el espantapájaros - dijo su vecino.

El pajarillo tembló mas de miedo que de frió y se metió debajo de una hoja.

- Anda sal de ahí que no me como a nadie y menos a ti que estas congelado - Este comentario le hizo gracia al petirrojo que asomo la cabecita.

- ¿De verdad que no comes pájaros? Pues no es lo que dicen por ahí de ti -

- Pero bueno, quien te contó esa tontería. Es verdad que parezco un bicho raro, pero es que es mi trabajo, asustar a los pájaros para que no se coman la fruta del huerto de mi amo. ¡Bueno, que, te vas a acercar a mi o que! No ves que yo no puedo moverme del sitio donde estoy clavado.-

El petirrojo hizo un esfuerzo y se fue a posar en el brazo del espantapájaros, la verdad es que de cerca daba aun más miedo, así que se quedo quieto sin saber que hacer o que decir, en esto el espantapájaros giro la cabeza para mirarlo y le dijo: ¡¡UH!! .

El pobre pajarillo se cayó al suelo del susto, entonces sonó una carcajada sonora, - Pero hombre, no me digas que te doy tanto miedo, reconozco que soy feo pero no para tanto, anda sube que te vas a quedar congelado ahí abajo. –

El animalito levanto el vuelo y se puso en el hombro del espantapájaros, este le ofreció una de sus mejores sonrisas y el pajarillo se tranquilizo. 

- Y ahora que ya somos amigos podríamos presentarnos, ¿cómo te llamas? -

- Pety, mis amigos me llaman así-, dijo el pajarillo.

- Pues muy bien Pety, yo soy un espantapájaros como ves pero me gustaría que me llamasen Danzarín, nadie me puso nombre, ni tengo amigos, pero he visto a algunos humanos bailar y me muero por hacerlo, bueno, que piensas, ¿Qué te parece mi nuevo nombre? -

- Muy bien, teniendo en cuenta que no te puedes mover, te queda muy bien-, y los dos se rieron juntos. 

Estuvieron hablando un rato de lo que ocurría por los huertos y luego Danzarín dijo a su nuevo amigo.

- He visto que te has quedado sin nido y el invierno es muy crudo, así que he pensado que podrías venir con tu familia a vivir conmigo, estoy relleno de paja y el bolsillo interior de mi chaqueta seria una casa perfecta para pasar el invierno, anda mira a ver si te gusta-, Pety fue bajando por la solapa de la chaqueta y miro dentro, el bolsillo era amplio y muy calentito. -

 - ¿De verdad quieres que vengamos a vivir aquí? - Dijo incrédulo. - Pues claro que si, así tendré con quien hablar y podréis cantar y bailar para mi, anda vete a buscar a tu familia.

Sin pensarlo dos veces el petirrojo fue a buscar a su pareja, le contó lo que le había pasado y le aseguro que estarían muy bien todo el invierno.

Juntos llegaron donde Danzarín y después de las presentaciones pasaron a ocupar su nuevo domicilio, en pocos días se recuperaron del frió que habían pasado y los tres juntos tuvieron un invierno estupendo, de hecho se les paso muy rápido, tanto que la primavera se presento cuando menos la esperaban.

Todo volvió a la normalidad, el hortelano se recupero y volvió a trabajar su huerto y todo fue como antes, los petirrojos abandonaron su hogar confortable en la chaqueta del espantapájaros que tanto miedo les había dado siempre y le dieron las gracias, un millón de veces antes de irse.

Les gusto volver a ver al hortelano ya recuperado, revoloteaban alrededor para darle la bienvenida, entre tanto rehicieron su nido, tuvieron unos pajaritos pequeñajos y hambrientos a los que atendían con mil amores. Un día mientras recogía ramas y plumas para hacer más confortable su nido escuchó detrás de un seto hablar al matrimonio del huerto de al lado.

Pety se elevo volando y se puso encima del seto para escuchar mejor, el hombre estaba muy enojado, había descubierto que en la chaqueta del espantapájaros habían anidado unos pájaros, así que, si no servía para lo que lo habían hecho lo mejor sería que lo destrozaran y lo echaran al fuego de la chimenea.

A Pety se le pusieron todas las plumas tiesas, salió volando a contárselo a su pareja, la noticia era terrible, no podían permitir que le hicieran eso a su amigo después de todo lo que él había hecho por ellos, tenían que hacer algo y rápido. Le dio muchas vueltas a la cabeza y por fin se le ocurrió una idea.

Se fue volando todo lo lejos que pudo e hizo correr la voz que había un huerto lleno de rica fruta y sin nadie que la cuidara. Los más aprovechados salieron volando para llegar los primeros y comer más que los demás, 

Mientras tanto el hombre malhumorado del huerto vecino llego para destrozar el espantapájaros, pero de repente vio que llegaban muchos pájaros a comer su fruta, pero al ver el espantapájaros salían huyendo otra vez.

El campesino movió la cabeza contrariado, después de todo parecía que si servía para ahuyentar a los pájaros, así que decidió no quemarlo.

Cuando el hombre se fue, llego el petirrojo muy cansado, se puso en el brazo de su amigo Danzarín y le pregunto si habían llegado a tiempo las bandadas de pájaros que él había movilizado.

- Así que fuiste tú mi buen amigo, el que organizo todo este revuelo, pues muchas gracias, porque llegaron justo a tiempo cuando me iban a hacer trozos para meterme en la chimenea y quemarme.- Danzarín le guiño un ojo en señal de agradecimiento y cada uno volvió a lo suyo, el espantapájaros a poner cara de susto para que ningún pájaro se acercase y Pety a buscar comida detrás del hortelano que estaba removiendo la tierra.

Fue pasando el verano que este año se mostró especialmente caluroso, el huerto de Danzarín estaba repleto de ricas frutas y él tenía que esforzarse mucho para mantener a raya a los intrusos, al único que le permitía llevarse lo que quisiera era a su gran amigo Pety que tenía dos hermosos retoños en el nido pidiendo comida a todas horas.

Un día a última hora de la tarde cuando todo se adormece y el aire es cálido, los animales empezaron a estar inquietos, gracias a ese sentido que tienen tan desarrollado, saben lo que pasa mucho antes que las personas, los puso sobre aviso que había un peligro inminente.

De pronto ese aire se volvió raro, no se veía nada diferente, sabían que algo malo ocurría, de pronto se empezó a ver una columna de humo, los animales corrían todos a ponerse a salvo en la dirección opuesta. 

Los humanos iban y venían como locos intentando salvar sus pertenencias, en poco tiempo el humo se hizo espeso y casi no se veía nada, las llamas iban arrasando todo lo que encontraban a su paso.

El fuego se iba acercando al huerto del hortelano y al de su vecino, los animales ya estaban a salvo lejos de allí, cerca del río que les ofrecía seguridad.

Entonces Pety dio un salto como si le hubieses pinchado, su amigo Danzarín no podía huir, se lo tragarían las llamas, el pajarito iba de un lado a otro, tenía que pensar en algo rápido, no estaba dispuesto a dejar allí solo a su amigo.

En el río vio una bandada de patos que chapoteaban así que se dirigió a ellos y dando un silbido llamo su atención,

- Oídme chicos, necesito ayuda urgentemente, ¿podríais ayudarme por favor?-, les explicó la idea pero ellos se echaron a reír.

-¡Ni hablar!, nosotros no nos arriesgamos por nadie.

El pajarillo desanimado se dio la vuelta para que no se viera una lagrimita que le asomaba por el ojo, entonces dijo en voz alta:

 -Ya me parecía a mí que las palomas tenían razón, iré a hablar con ellas. 

 - ¡Eh tu! Un momento, ¿Qué dices que han dicho las palomas?- ni que decir tiene que entre los patos y las palomas no había mucha armonía.

- Pues me aseguraron que no erais capaces de trasportar todos juntos una madera, vamos que no sabéis trabajar en equipo todos juntos como ellas.-

El cabecilla del grupo se empezaba a poner rojo de ira,

- ¿Y donde están ese grupo de palomas de pacotilla si puede saberse? -

-Me dijeron que iban a realizar ellas la hazaña para demostrar que ellas lo pueden hacer mejor que vosotros- , les contesto.

El pato miro a los otros y todos estuvieron de acuerdo con él.

- A ver enano, si me dices donde es la prueba nosotros te demostraremos que somos mejores que ellas.-

-Pues venga, seguidme - dijo Pety y levanto el vuelo rápidamente, lo que no les dijo es que había que arriesgarse metiéndose casi en las llamas, pero los patos iban tan obcecados por llevar la contraria y ganar a las palomas que no les importo demasiado el humo que había.  

Cuando llegaron al huerto de los frutales el pobre espantapájaros temblaba como una hoja y no precisamente de frío, estaba completamente solo y las llamas se iban acercando a él rápidamente. 

Quiso pensar en algo bonito para despedirse del mundo, entonces le vino a su cabeza de calabaza la imagen de su amigo el petirrojo y sonrió al recordar el frío que traía cuando le ofreció su bolsillo para refugiarse del invierno.

El espantapájaros en ese momento había cerrado los ojos, no quería ver lo que se le venía encima, entonces alguien le pico en la cara, abrió los ojos y vio a su amigo Pety.

- ¿Pero qué haces aquí?- le dijo, -tienes que ponerte a salvo con tu familia.-

- Ellos ya están a salvo - le contesto, - No estoy dispuesto a perder a mi mejor amigo, a no ser que tú quieras acabar carbonizado, ¿o es que acaso has olvidado todo lo que tú has hecho por mí?- 

No había tiempo que perder, le rogó que no hablara y que se dejara llevar, ya tendrían tiempo para las explicaciones, en esto llegaron los patos, el petirrojo sin darles tregua para hacer preguntas, les dijo:

- Estas maderas son las que se van a llevar las palomas hasta la orilla del río dentro de un momento- y sin decir nada mas los patos tiraron de los brazos del espantapájaros hasta que lo sacaron de la tierra y comenzaron el camino de regreso hacia el río. Danzarín no se lo podía creer, se alejaba del fuego, era el espantapájaros más feliz de la tierra ¡y por si era poco además estaba volando! 

 

Cuando llegaron al río los patos lo dejaron en el suelo y muy orgullosos por haber ganado a las palomas preguntaron por ellas a los que había allí, la pareja de Pety les dijo que se habían puesto tan furiosas porque ellos les habían ganado que salieron volando y se habían ido hacia el norte, ¿o era el este?

Bueno la cuestión es que se habían ido volando y muy enfadadas por que sus enemigos las habían ganado. Los patos se sintieron felices por la victoria y se fueron a chapotear al agua para celebrarlo. Danzarín comprendió la estrategia de su amigo para llevarlo hasta allí y se pasó media tarde dándole las gracias.

Por la noche el fuego ya estaba controlado y todos pudieron descansar tranquilos. Al día siguiente el panorama era desolador, algunos animales decidieron irse de la zona a buscar otro lugar más seguro donde vivir, sus hogares habían sido destruidos, así que todo el mundo estaba desanimado.

Pety levanto el vuelo y comenzó a silbar, intento que todos le escucharan, si los humanos no se iban de allí, ¿Por qué tenían que hacerlo ellos?, les dijo, volverían a reconstruir sus nidos, sus madrigueras, todo lo que fuera necesario para poder vivir, si trabajaban juntos acabarían antes, así que en lugar de quejarse los animo a que volvieran y evaluaran los daños y como repararlos.

Lo que dijo, lo hizo con tanto énfasis que todo el mundo se animo y decidieron volver y trabajar duro para reconstruir sus hogares. 

Durante algún tiempo familias enteras trabajaron juntos hasta conseguir que su vivienda funcionara otra vez, el petirrojo iba coordinando a los obreros, y enviando a unos y a otros de un lado para otro, todo el mundo volvió a encontrar su sitio, excepto el espantapájaros, que seguía a la orilla del río, aunque su amigo le hacía compañía muchos ratos para que no se sintiera tan solo.

El hortelano tuvo más suerte que su vecino en el incendio, el fuego fue tan violento y tan rápido que quemo solo las copas de los frutales, pero la parte de abajo no y además protegieron a las hortalizas que apenas se churruscaron un poco, así que limpiando un poco aquí y allí consiguió que su huerto volviera a funcionar como antes, al que echaba de menos era a su amigo el petirrojo que apenas lo había visto un par de veces después del incendio.

Cuando todo volvió a la normalidad el hortelano solía dar largos paseos con su esposa, un día decidió cambiar la ruta que hacían antes y se fueron por la orilla del río, allí se estaba más fresco y caminando vieron algo que les dejo parados. 

¿No era aquel el espantapájaros de la huerta vecina?, no se explicaban cómo había podido llegar hasta allí, el hortelano se rascaba la cabeza pensando.

Cuando se acerco a él y moviendo las ropas vio un nido dentro de la chaqueta, le conmovió tanto que decidió pasar con su furgoneta y cargarlo para llevárselo. 

Danzarín estaba contento, por fin volvía a casa como todos los demás, pero cuando el coche se detuvo en la parcela se quedó helado, ya no había árboles ni fruta que guardar. Vio como su dueño se acercaba al coche, solo se escuchaban chillidos porque el espantapájaros estaba entero y su huerto se había quemado casi todo.

El hortelano le explico que lo había encontrado cerca del río y le pregunto al hombre que quería hacer con él.

- Por mí,- dijo el hombre malhumorado, -lo puedes quemar tranquilamente, así le hará compañía a mis árboles- y soltó una carcajada tan siniestra que habría asustado al mismísimo diablo, y con las mismas se dio media vuelta y se fue.

Pero el hortelano lo habló con su mujer y pensaron que no les vendría mal una ayuda en el huerto, así que lo colocaron en un buen sitio, hizo un agujero en el suelo, metió un tubo y dentro puso el pie del espantapájaros.

La mujer lo arreglo un poco, incluso le puso una calabaza nueva como cabeza, su cara esta vez era mucho más amable que antes.

Cuando por la tarde el petirrojo llego al huerto venia cansado de tanto ayudar a unos y a otros, le contó a su compañera que no había encontrado a Danzarín en el río, alguien se lo había llevado y no pudo evitar llorar de pena por haber perdido aquel buen amigo que tanto lo quería y que tanto habían pasado juntos. 

De pronto entraron sus pajaritos chillando y batiendo las alas como locos,

- Papi, papi - le gritaron, - ven a ver lo que hay en el huerto –

-Ahora no hijitos, papa está cansado, luego iré-

-¡Porfi, porfi, tiene que ser ahora! – los pequeños seguían insistiendo así que por no oírlos los siguió para ver qué maravilla habían encontrado en el huerto, seguro que era una lombriz que cuando ellos llegaran ya se había escapado, o cualquier otro animalejo que andaba despistado.

Cuando de repente se encontró delante de Danzarín

- ¡¡¡Eh!!! ¿Qué haces tú aquí? - que alegría sintió al verlo, revoloteo a su alrededor durante mucho rato, de golpe se le había quitado todo el cansancio, era el petirrojo más feliz. 

Danzarín también se alegro muchísimo de volver a verlo y del lugar que ocupaba, sabía que a partir de ahora estarían siempre juntos.

Por la noche se organizo una gran fiesta en el huerto, las luciérnagas pusieron el toque de luz, los pájaros pusieron la música, y la alegría de volver a estar todos juntos en el huerto, estaban rebosantes de alegría, Danzarín por fin podía cumplir su sueño, podía bailar, como la base que le pusieron podía girar, y con la ayuda de los animalitos, se paso toda la noche dando vueltas al son de la música. 

No se sabe si esta historia fue cierta o no, lo que sí está claro es que una vez al año, los pájaros cantan toda la noche, que de eso puedo dar fe porque yo los he escuchado, y vosotros si prestáis mucha atención posiblemente también los oigáis alguna vez.

 FIN