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PIRATAS POR UN DIA 

 

 

  Esta historia comienza con la visita de esta escritora de cuentos, mi nombre es Carol pues los niños de 4º necesitaban alguien famoso con el que cumplimentar un trabajo del colegio y mi nieta me eligio a mi.

 

  Llegué a un gran colegio llamado LAS ERAS, en el corazón de Benavente. Tengo que reconocer que iba un tanto reticente a dicha entrevista pues me siento mucho más cómoda delante de mi ordenador que hablando en público, pero reconozco que la primera impresión que me causo el colegio fue muy positiva. En el patio de la entrada vi un juego tradicional dibujado en el suelo y luego otros dos más, me resulto muy divertido, me recordó a mi infancia y ese detalle me animó, supe que sería un buen día y no me equivoque.

 

  Entre los niños y niñas que me recibieron de 3º y 4º de EP está incluida mi nieta Aitana que cursa 4ºB, aunque soy su tercera abuela, puesto que ha llegado no hace mucho a nuestra familia, tengo que decir que es una niña adorable que trasmite amor a los demás la paz interior que lleva dentro y se hace querer.

 

  Todos ellos se portaron maravillosamente bien, prestaron mucha atención a mis palabras y me hicieron un montón de preguntas a las que contesté lo mejor que pude, en resumidas cuentas, solo deciros que os quiero y que me guardo vuestra amistad para siempre.

 

  Al día siguiente cuando los pequeños llegaron al colegio ocurrió algo muy extraño, durante el recreo jugaron al futbol con un precioso balón y al subir a clase la fecha del calendario que tenían colgado en la pared se volvió loco, comenzó a retroceder, el 2019 se convirtió en 2018 y luego un año menos y otro y así fue retrocediendo hasta llegar alrededor del año 1940, Nieves su profesora lo miraba incrédula.

 

  No habían pasado ni dos minutos cuando de repente se encontraron todos juntos en la estación de tren de su localidad, una estación que ellos habían visto siempre vacía y sin ningún valor, ahora estaba perfecta y llena de pasajeros que iban y venían con sus maletas y sus cajas, las ropas de aquellas personas habían cambiado totalmente, entre ellos se miraban y se reían unos de otros hasta que vieron entrar en la fantástica estación una enorme y máquina de tren negra echando vapor por todas partes.

 

  Estos cambios no les dieron miedo sino todo lo contrario, lo miraban todo con curiosidad, estaban en el andén de una gran estación y cuando el tren se detuvo con gran solemnidad, a los niños les faltó tiempo para subirse al tren, los asientos eran todos de madera y muy bien cuidados, los pequeños disfrutaron de lo lindo y pasada la novedad corrieron a mirar por las ventanillas.

 

  Vieron a un señor uniformado con una gorra y un banderín en la mano que se acercaba a la máquina del tren y después de comprobar que todos los viajeros estaban dentro del tren, toco un silbato y dio permiso con toda la solemnidad que el momento requería para que el tren se pusiera en marcha, los niños aplaudieron la decisión de aquel hombre tan importante y escucharon como poco a poco las enormes ruedas del tren hacían un cha-ca-cha primero lento y luego cada vez más rápido hasta alcanzar la enorme velocidad de 50 km a la hora, todo un récord para aquellos tiempos.

 

  Los pequeños disfrutaron viendo los campos cubiertos de sembrados, gente que trabajaba agachada pero que tuvieron tiempo para contestar a los niños que les decían adiós agitando las manos, los pequeños se animaron tanto que bajaron las ventanillas para ver mejor, pero pronto se percataron que el tren que funcionaba a base de carbón para generar la velocidad, aquel carbón una vez quemado generaba unas partículas diminutas que se metían en los ojos y los hacían llorar, así que se resignaron y tuvieron que volver a subir las ventanillas.

 

  Su profesora Nieves los hizo sentar y fue respondiendo al aluvión de preguntas que todos los pequeños le hacían para satisfacer su curiosidad. Cuando el tren se detuvo las dos profesoras y el profesor bajaron del tren con todos sus alumnos que quisieron saber dónde se encontraban, un letrero enorme les saco de dudas BARCELONA y en otro letrero más pequeño Estación del Norte. Una niña que le gustaban mucho las matemáticas y que había calculado el tiempo levanto la mano, -Señorita, hemos recorrido mucho espacio en muy poco tiempo, ¿cómo puede ser eso? –

 

  Nieves contestó: -Teniendo en cuenta que todo esto es muy extraño yo creo que estamos viviendo un viaje maravilloso y por hoy vamos a disfrutar a ver que nos depara, tal vez mañana te pueda explicar todas las dudas que tengas, - le contesto la profesora con mucha delicadeza.

 

  Dicho esto, al momento se encontraron en un precioso castillo a la orilla del mar Mediterráneo, que bonito era tan azul y tan sereno, el castillo de Montjuic fue diseñado para evitar que barcos enemigos se acercaran a tierra y al momento lo pudieron comprobar, unos enormes barcos de piratas del mar se acercaban peligrosamente.

 

  Uno de los alumnos grito, ¡necesitamos una capitana que nos guie! Todos miraron para la profesora Nieves, en aquel preciso instante las ropas de todos cambiaron misteriosamente, eran piratas, llevaban en la mano sables y unos cuantos se pusieron a pelear en broma, ¡defiende cobarde! se gritaban unos a otros blandiendo sus sables.

 

  Nada de bromas grito la capitana Nieves, tenemos que defender la fortaleza para que no entren esos piratas que tenemos hay abajo, ¡vamos rápido, organizaros en grupos de cinco, cargar los cañones y disparar!  No hizo falta que les repitiera las ordenes, en cuestión de segundos los cañones lanzaban sus enormes balas contra los barcos enemigos y uno a uno fueron cayendo todos.

 

  -Chicos vaya una puntería que tenéis- dijo la capitana, no habéis dejado ni un solo barco de pirata flotando en el agua. HURRAAAAAAAAA gritaron todos a la vez.

 

  Después de semejante hazaña los pequeños bien se merecían un descanso y curiosamente se presento un señor con traje y gorra para enseñarles a los niños el lugar y de paso darles una recompensa por el buen trabajo que acababan de hacer con los piratas. Era el guía del castillo que hacía su trabajo maravillosamente bien. Descubrieron que la montaña de Montjuic tenia una fantástica historia, además de unas vistas espectaculares.

 

  Como los niños son niños la curiosidad les pudo pues vieron un gran cable con una cesta enorme que llegaba muy lejos, el buen hombre les explico que era un funicular, que unía la montaña donde estaban con el puerto, es un gran cable colgante que representaba un viaje apasionante, solo la idea de volar por encima del mar tan alto, no les asusto para nada, sino todo lo contrario, esa idea les parecía  divertida y con sinceridad muy arriesgada, pero ¿si no lo hacían con los amigos con quien lo iban a hacer?

 

  No se hable más, la operación  descenso vertiginoso se pone en marcha, el guía utilizo una llave para abrir una inmensa cabina donde entraron todos, mirándolos muy serio les dijo: -cuando lleguéis abajo procurar frenar a tiempo no siendo que os metáis en el metro de Barcelona y acabéis en el subsuelo. - Todos los niños incluida la profesora lo miraron con cara de terror.

 

  Ja, ja, ja se rio de buen humor el guía, -eso es una broma, se la gasto a todos, podéis bajar tranquilos y disfrutar de las vistas son solo para superhéroes como vosotros que no tenéis miedo a nada y os atrevéis a subir en esta cesta gigante -. Cuando el funicular se puso en marcha dio un tirón que hizo que algunos se dieran abrazos pensando que se iban a despeñar, pero al momento la calma reino y el funicular fue descendiendo con toda la suavidad del mundo, desde el aire vieron algún delfín a lo lejos, ¡¡¡mirar un pez que da saltos enormes!!!

       

  La capitana le explico a todos los niños que los delfines eran unos  animales  muy sociables y que los hombres valoraban enormemente su amistad en el acuario de Barcelona ofrecían todos los días actuaciones de delfines, y todos grandes y pequeños sentían un gran amor por estos animales. Y dicho esto lo mejor es que todos comamos estos bocatas que el guía del castillo nos ha entregado.

  

  Mientras se deslizaban hacia el puerto y entre bocado y bocado pudieron ver, La Sagrada Familia un templo que comenzó Gaudí hace muchos años y que no hay dos iguales en todo el mundo, vieron la montaña del Tibidabo, el campo de Futbol  del Barcelona, la Diagonal, una avenida que atraviesa toda la ciudad de forma majestuosa…

 

  Nieves siguió contando a grandes rasgos todo lo que veían desde una altura muy considerable hasta que por fin el funicular se detuvo suavemente llegando a su destino.

 

  Las dos clases llegaron al paseo de Colón, otra de las grandes avenidas de la ciudad, había un monumento extremadamente alto con una figura de Cristóbal Colón arriba del todo, su brazo estirado señalaba con el dedo la lejanía, no se sabía muy bien si indicaba una dirección o un mandato, en la base estaba custodiado por leones de piedra, tal vez es que no quisiera que nadie se acercase a él, la capitana les explico a los niños que por dentro se podía llegar hasta Colón y mientras todos escuchaban atentamente y se les escapaba algún “carayyy”

 

  Un niño llamado Diego Ruiz, miraba en la dirección contraria muy fijamente, Nieves que se dio cuenta le animó a que mirase como los demás, pero el niño no le hizo caso y levantando su brazo le señalo con el dedo algo que estaba en el agua.

 

  - ¡Válgame el señor que descubrimiento! –

 

   El resto de niños volvieron la cabeza a la vez y vieron entusiasmados un gran barco, en apariencia muy antiguo a la vez que majestuoso, rápidamente se fueron hacia el barco para poder verlo de cerca.

 

  Para su sorpresa se encontraron allí al guía del castillo, les explico que él personalmente era quien dejaba subir a las personas adecuadas, aquel no era un barco cualquiera, era una de las carabelas que Cristóbal Colón llevo para descubrir las américas.

 

  - ¡¡¡GUAUUUUUU!!! –

  - ¿Es verdad o nos está contando una trola? - Dijo uno de los niños que preguntaba por todo.

 

  Puedo asegurarte que es verdad, os dejo pasar y verlo todo, la única recomendación que os hago es que no rompáis nada, tener cuidado porque tiene muchísimos años y diciendo esto les abrió una puerta para que pudieran subir al barco, una vez dentro todo era mucho más grande, más bonito, más… todo, pensar que allí se embarcaron un montón de marineros y surcaron los mares hasta llegar a tierras americanas les imponía respeto, hasta que alguno de los pequeños comenzó a subir por las escalerillas de cuerda hasta llegar al mástil y hay se desmadraron todos y disfrutaron de barco a tope.

 

  La pasarela se volvió a abrir y por ella entraron una damisela y su acompañante que también querían visitar el barco, los niños y sobre todo las niñas miraban a la mujer como si estuvieran viendo una aparición, el precioso vestido que llevaba era muy vaporoso, de un blanco inmaculado con detalles en negro, parecía una gran mariposa a punto de alzar el vuelo, su acompañante también lucía un hermoso traje de aquella época, los niños los rodearon con curiosidad y hasta envidia, ellos iban vestidos de piratas y ni que decir tiene que necesitaban enterarse quienes eran aquellos dos personajes.

 

  Los dos se presentaron a la capitana de los pequeños, ella era la señorita Ana y él era Roberto, viajaban juntos como si fuesen hermanos, aunque en realidad eran compañeros de trabajo, porque en aquella época la igualdad entre hombres y mujeres no existía, una mujer nunca viajaba sola a parte de otras muchas cosas que tampoco tenía derecho a realizar, siempre dependía de un hombre o tutor, así que estos dos compañeros de trabajo a los que les gustaba mucho viajar se unieron para pasar desapercibidos, mientras hablaban iba cayendo la tarde.

 

  Fuera del barco aparecieron unos piratas a los que los niños habían hundido su barco desde la montaña de Montjuic, estos merodeaban por el puerto cuando vieron aquel gran barco de madera, en ese momento se miraron y una sonrisa maliciosa se dibujó en sus caras, todos estuvieron de acuerdo para hacerse a la mar con él.

 

  Cuando iba cayendo la tarde se las ingeniaron para acoplar una barquichuela que habían robado y atarla al barco, con disimulo soltaron las amarras del gran barco y dejaron que se deslizara suavemente hacia mar abierto.

 

  Cuando los piratillas se dieron cuenta de la jugada ya no podían hacer nada, aunque en realidad sí que podían, esperaron agazapados a que los piratas subieran por la escalerilla a bordo y con un garrote les fueron sacudiendo uno a uno según asomaban el bigote, una vez los tuvieron todos maniatados, entre la capitana y un pequeño de la clase que sabía llevar un barco condujeron aquella nave hasta una isla desierta.

 

  Cuando bajaron a tierra descubrieron que después de la vegetación había muchísima gente, resulto ser la isla de Mallorca, la capitana dejo a los niños a cargo de Ana y   Roberto que quedaron encantados con ellos y se fue a dar una vuelta para reconocer el entorno. Cuando volvió estaba muy satisfecha, venía acompañada de dos hombres muy fuertes y morenos.

 

  En su pequeña excursión por Mallorca, la capitana vio en otro gran barco un espectáculo de piratas donde luchaban y lanzaban cañonazos, todo de mentira para distraer a los turistas.

 

  Nieves, hizo un trato con el dueño del espectáculo, les entregaría a piratas de verdad con la condición que los hicieran trabajar y tenerlos controlados.

 

  El dueño del espectáculo agradeció su ofrecimiento de corazón, no todos los días podía contratar a gente ruda y con fuerza.

 

  Una vez que los piratas de verdad abandonaron el barco, la carabela se volvió al puerto de Barcelona, al volver a ver el monumento a Colón pudieron observar que su dedo se inclinaba hacia ellos y les dijo:

“Adeu nens, fins aviat” después se dio cuenta que los niños eran de Castilla León y rectifico, quise decir “adiós niños, hasta pronto” venir a visitarnos cuando queráis, en ese momento todos los niños y profesores estuvieron de inmediato en el colegio de Las Eras.

 

  - Nieves -, dijo un niño, - ¿podemos comernos un buen trozo de pastel de ese que tenemos en el pasillo? -

 

  Creo que hoy todo puede convertirse en realidad, así que podéis ir a por un trozo de pastel y dicho esto los pequeños que todavía estaban vestidos de piratas salieron en estampida de la clase y cada uno cogió un buen pedazo de tarta hasta acabar con ella y volvieron todos a clase a comérsela, cuando terminaron de comer todos empezaron a hablar a la vez, era alucinante todo lo que les había ocurrido.

 

  En esto estaban cuando se abrió la puerta de la clase y entro el señor director, - ¿Qué está ocurriendo aquí? - Dijo un tanto preocupado y - ¿Qué hacen estos alumnos disfrazados de piratas? que yo sepa hoy no es carnaval. –

 

  - Y nosotros tampoco -, dijo Nieves luciendo su precioso traje de capitana, estamos preparando los carnavales del año que viene puesto que ya tienen los deberes hechos.

 

  - ¿Y se puede saber porque tienen la cara manchada de pastel? –

 

  Un niño levanto la mano para explicarle que todos habían comido del pastel enorme que tenían fuera de la clase, pero Nieves se le adelanto.

 

  Hoy hemos decidido celebrar todos los cumpleaños de este mes y como el papa de uno de ellos tiene una pastelería, nos ha traído pasteles para todos, la profesora se volvió hacia los niños y les guiño un ojo en señal de complicidad con ellos.

 

  El director se fue de la clase pensando que aquella clase era un poco rara, en el pasillo vio el gran pastel que habían hecho para celebrar el 90 aniversario del colegio y pensó ¡anda que si se hubieran comido uno como este iban a reventar todos! Y se fue a su despacho a atender cosas más importantes que hacen los directores.

 

  Aitana se levantó de su asiento y se acerco a la profesora, le susurro Nieves te quiero, ¿puedo darte un beso por lo bien que lo hemos pasado?   

 

  Pero esa frase fue escuchada por los demás niños y todos en tropel se unieron a los besos y a los abrazos, en ese momento cada uno recupero su vestimenta y los trajes desaparecieron.

 

  La profesora con ternura los miro a todos y les aseguro que el cariño era mutuo y ya sabemos de que nos vamos a disfrazar el año que viene ¿verdad?

 

  Fin

 

Cuento escrito por: Carol Simón

Registrado en la propiedad intelectual de Barcelona

Impreso: Mayo 2019

Maquetación y editado por: Yolanda Garmón

Colección: Los cuentos de la maragata

carol@cuentosmaragata.es

www.cuentosmaragata.es