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  LOS ZAPATOS DE CHAROL

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          Hace ya muchos años, en un lugar lejano vivía una familia bastante acomodada, era un matrimonio que no tenia hijos, el único heredero de este matrimonio tan rico era un primo hermano, que además de su apariencia ruin y desgarbada era muy avaricioso, no veía el momento de que sus parientes pasaran a mejor vida para poder vivir a cuenta de la gran fortuna que le esperaba.

           Pero como la vida da muchas vueltas y a pesar de la edad del matrimonio, un buen día la esposa comunicó a su marido que iban a ser papas y además por partida doble. La alegría inundó aquella casa y al cabo de unos meses nacieron dos niñas preciosas, no se parecían en nada una era rubia y los ojos azules mientras la otra era morena y con los ojos color miel y enormes, su carácter era muy dulce, siempre tenían la sonrisa en los labios, provocaban la admiración de todas las personas que las conocían y de alguna manera todos deseaban que sus hijos se parecieran ellas. 

          Como la familia era influyente en la región, hicieron una gran fiesta, invitaron a todas las personas importantes de la comarca, así que el día del bautizo los salones de la casa estaban llenos de personajes de todo tipo, unos mas sofisticados, otros extravagantes, otros que pasaban inadvertidos, todos asistieron a la ceremonia del bautizo y festejaron después por todo lo alto con un gran banquete el acontecimiento. 

          Ni que decir tiene que la sala contigua estaba a rebosar de regalos de todos los tamaños y colores, objetos muy valiosos, muñecos traídos de todos los rincones del país, infinidad de juguetes, cuando en un rincón llamo algo la atención de la mama, eran dos pares de zapatitos de charol de un rojo intenso. 

          ¡OH! Que regalo más pobre exclamó el pariente de los felices padres, -para nada dijo la mama-, algún día podrán bailar con ellos y se divertirán ya lo veras. 

          Y aunque a la madre le pareció bien el regalo lo encontraba un poco extraño, se agachó y los estuvo mirando, entonces se percato que por un lateral, debajo de la caja había una nota, la cogió y la desdoblo, en su interior rezaban estas palabras: “Sed bien venidas a este mundo y aunque la vida os dé alguna vez la espalda si conserváis este regalo, siempre guiara vuestros pasos y os señalara el camino correcto”. La mama se quedo pensativa, no sabía lo que querían decir aquellas palabras, de todos modos se guardo la tarjeta para comentarlo después de la fiesta con su marido. Siguió mirando regalos seguida por su pariente que iba detrás de ella, la envidia le consumía por dentro hasta el punto que comenzó a dar vueltas a la idea de deshacerse de las niñas, no iba a perder la fortuna que ya consideraba suya por culpa de aquellas mocosas. 

          Fue transcurriendo el tiempo y las niñas cada día eran más bonitas, los felices padres festejaban cada cosa nueva que hacían, dieron sus primeros pasitos, aprendieron a utilizar con destreza sus dientecillos, desde bien pequeñas las dos aprendieron a sujetarse encima de un pony, lo cual les encantaba, estaban tan altas que les hacía sentirse importantes y muy mayores. Eso sí, el animal era una bendición pues las niñas lo mismo estaban subidas en su lomo que le pasaban por debajo, o le tiraban de su hermosa cola blanca y el animal ni se inmutaba, al contrario parecía querer jugar con ellas. 

          Un buen día la madre encontró los zapatos de charol rojos en un armario, llamó a Noelia y a Karla, -venid niñas les dijo-, las mando sentarse en una silla y les colocó los zapatitos a cada una de ellas. De momento a las niñas les sorprendió vérselos puestos pero luego no se los quitaron en todo el día parecía que fuesen mágicos y corrieron y bailaron con ellos dando saltitos, la actividad de las niñas ese día fue frenética. 

          Por la noche se sentían totalmente felices, así que los zapatos de charol rojos se convirtieron en la novedad y les llegaron a coger tanto cariño que solo se los quitaban para dormir a regañadientes. 

          De vez en cuando recibían la visita del siniestro primo que fingía quererlas mucho e incluso les traía algún regalo que normalmente no solía gustar a las niñas y siempre acababa tirado en algún rincón. 

          Este hecho enfurecía mas al pariente, que ya estaba más que harto de contemplar aquellas dos criaturas horripilantes que se estaban quedando con la fortuna que le tocaba a él, o al menos eso creía el desafortunado pariente. 

          En una de sus visitas anunció a sus tíos que se iba de viaje y duraría unos cuantos meses en volver. La verdad es que la noticia en lugar de preocuparlos les alegro mucho, durante una buena temporada no tendrían que aguantar su presencia ni sus malos modales, hasta las niñas estaban mas contentas, cada vez que el primo aparecía solo el hecho de mirarlas ya las inquietaba, había algo en aquel personaje que las ponía nerviosas. 

          Había transcurrido algún tiempo desde que el primo se fuera a recorrer mundo, aunque en realidad lo único que hizo fue alquilar una casita unos cuantos pueblos más allá, donde poder moverse a sus anchas sin ser reconocido. Se puso en contacto con dos individuos de muy mala calaña, seguía con su idea de deshacerse de las niñas y para esto contrato a aquellos dos personajes, primero se desharían de la morena y después de la rubia. Les hizo dibujos de la casa, los jardines, incluso de los horarios y costumbres de la familia. Planearon que uno de ellos distrajera a la familia con un pequeño fuego mientras el otro cogía a la pequeña Karla. 

          La familia ajena a todo este plan malvado, disfrutaba del día, las pequeñas que ya contaban cuatro años, se habían puesto los zapatitos rojos para jugar, la madre no sabía explicarlo, pero veía que cuando se calzaban los zapatos de charol se peleaban menos y reían por cualquier cosa, si le hubieran preguntado ella   hubiera dicho que las veía mucho mas felices y contentas.  

          A media tarde alguien comenzó a gritar -¡FUEGO!- En unos instantes se movilizó toda la casa, viendo la columna de humo que salía de las cuadras todos corrieron instintivamente hacia aquel lugar, rápidamente hicieron una cadena y se fueron pasando cubos de agua que poco a poco acabaron sofocando las llamas. 

          La madre que había dejado las niñas en un lugar seguro volvió rápidamente a verlas. Al comprobar que una de ellas no estaba se alarmó un poco, preguntó a su otra hija, esta le dijo que tenía sed y se había ido a la casa para beber agua, un poco más tranquila cogió de la mano a Noelia y se fueron a la casa a buscar a Karla, pero cuando entraron a preguntar por la niña, nadie la había visto. Tal y como estaban los ánimos por el fuego, rápidamente empezaron a buscar a la pequeña por todas partes, en la casa y fuera de ella.  

          Después de mucho buscar uno de los jardineros encontró en el suelo uno de los lazos del pelo de la niña, una puerta trasera había sido forzada, llegó la policía y después de revisarlo todo llegaron a la conclusión que alguien se había llevado a la niña, la madre lloraba desconsoladamente, ¿Quién sería capaz de querer hacerle daño a una niña tan pequeña y tan buena? 

          Se abrió una investigación y se interrogó a todo el mundo pero no consiguieron ningún resultado, el tiempo corría para desesperación de sus padres pero la pequeña no aparecía, ni que decir tiene que a la otra gemela no la dejaban sola ni de día ni de noche, de día se cuidaban un poco todos especialmente la madre y de noche una de las doncellas dormía en la cama de la niña desaparecida, hasta que Noelia se dormía le contaba historias y cuentos, la pequeña ya ni se ponía los zapatitos de charol, desde que faltara su hermana, la niña estaba siempre triste y jugaba muy poco a pesar del esfuerzo que hacían todos por hacerla feliz. 

           El primo Roberto que supuestamente se había ido a recorrer mundo, seguía instalado en un pueblo cercano y espero la ocasión para deshacerse de la pequeña, al cabo de unos días apareció un circo ambulante, eran personas tan buenas que se creyeron todas las mentiras que les contó Roberto, los convenció para que al pasar por otro pueblo, eso si, sin hacer actuación ninguna para no llamar la atención, deberían recoger a una niña que unos parientes suyos tenían retenida contra su voluntad y tendrían que llevarla lo mas lejos que pudieran pues su vida corría peligro. Y para que la mentira fuera completa les pago generosamente por ayudarle a salvar la niña de una muerte segura. 

          Así que con su carromato y con el mayor sigilo posible, en un descuido de la familia que la cuidaba y precedidos por los dos maleantes que prendieron fuego para llamar la atención, recogieron la niña con tanta rapidez que la pobre no se entero de nada, la subieron al carro y se la llevaron. 

          Viajaron durante varios días sin   tregua, hasta que se sintieron a salvo, entonces comenzaron a dar funciones por los pueblos que iban pasando y la pequeña Karla aprendió a trabajar con ellos. 

          La familia seguía totalmente destrozada por la desaparición de la pequeña, la buscaron por todas partes, ofrecieron recompensas muy generosas, pero todo fue inútil, nadie supo dar noticias de la niña, ni que decir tiene que Noelia fue vigilada a todas horas, de día y de noche, todos se sentían responsables y temiendo que le ocurriera lo mismo que a la otra niña la preocupación de todos hizo que la pequeña se sintiera protegida en exceso en todo momento, esto hizo que el primo con el tiempo fuera incapaz de secuestrarla como hizo con Karla. 

          La niña secuestrada poco a poco se fue acostumbrando a su nueva familia como ellos le decían, y como no eran mala gente y la trataban bien la niña se pasaba el día jugando con los perritos y algunos gatos, incluso les enseño algún truco que después sus amos utilizaban en las funciones. 

          Fue pasando el tiempo y al cabo de unos años el dueño del circo murió, el circo desapareció y cada uno se fue por su lado, la muchacha se quedo sola y desamparada. Después de unos días de mendigar en una ciudad se unió a un grupo de chavales que hacían lo mismo que ella. 

          Fue pasando su juventud como pudo, pasó mucha hambre y trabajo mucho mas de lo que podía, pero siempre estaba contenta y aunque pasaron muchos años siempre conservó los zapatitos rojos de charol, los contemplaba entusiasmada y se preguntaba porque los tenía si no tenía familia y era mas pobre que las ratas, para ella era un lujo y un misterio, no recordaba que se los hubiera comprado nadie. 

          Con el tiempo y después de pasar por una familia que la enseñaron a coser, la muchacha demostró una destreza tal con la aguja que llegó a coser tanto y tan bien, que su fama se fue extendiendo, primero creo un pequeño taller, este dio paso a un montón de costureras que trabajaban para ella encantadas. 

          Con ánimo de perfeccionar sus vestidos comenzó a viajar, deseaba conseguir mejores tejidos, el rojo siempre fue su color favorito, en su arreglo personal no faltaba nunca alguna prenda o complemento en rojo, y así y sin saberlo poco a poco se fue acercando a su lugar de origen. Hasta que un buen día en uno de tantos mercados que visitaba, estaba escogiendo telas y el mercader que la atendía reconoció su afamado nombre y la saludó muy atento. Cerca de ella una señora de bastante edad que escucho la conversación le preguntó si quería acompañarla a casa de su señora pues deseaba hacer unos trajes dada la proximidad de la boda de su hija. 

          Nuestra amiga accedió con gusto a la petición. Quedaron de encontrarse al día siguiente en la plaza del pueblo y allí estaba a la hora convenida. La señora la llevó a una gran mansión, era una vivienda espléndida, le presentaron a la dueña, una gran dama entrada en años, con cara bondadosa, feliz por la boda de su hija pero la joven se dio cuenta que en el fondo esa mujer tenía una gran pena, nuestra amiga había pasado muchas calamidades en su vida y sabía distinguir bien el sufrimiento. 

          En poco tiempo llegaron a entenderse a la perfección, parecía que algo las uniera, su amistad fue creciendo y Karla para cumplir bien con los encargos se trajo varias chicas para poder hacer todos los trajes que le habían pedido. 

          Del vestido de la novia se iba a encargar ella personalmente, la señora de la casa la invitó una mañana a almorzar con ella para que conociera a su hija y así comenzarían con los preparativos. Las dos estaban sentadas en la mesa conversando animadamente cuando se abrió la puerta y una joven con un hermoso pelo rubio hizo su entrada, las presentaron y al darse la mano algo las sobresaltó a las dos, fue como una conexión interior, pero ninguna de las dos dijo nada. 

          Se sentaron a la mesa y después de almorzar pasaron a una sala donde nuestra amiga expuso unos bocetos que traía preparados de vestidos de novia. 

          Al ver los diseños Noelia se quedó asombrada, parecía que le hubiera leído el pensamiento, el vestido con el que había soñado estaba reflejado en aquellos bocetos, era un vestido vaporoso, digno de una princesa. Como no hubo ningún desacuerdo simplemente algunos pequeños detalles, comenzaron a cortar y a coser rápidamente, Karla se sentía tan feliz que parecía que el vestido lo hiciera para ella, disfrutó con cada detalle, gasas, tules, bordados, todo lo escogió con el máximo cuidado ella personalmente. 

          Pasaros dos meses cuando el vestido de novia estuvo terminado después de varias pruebas, fue colocado en un maniquí en el centro de la sala que le habían asignado como taller de costura para que trabajara a gusto y sin ser molestada. En las diferentes pruebas nunca dejo ver como quedaría el vestido cuando estuviera terminado, así que cuando Noelia entró con su madre y vieron el vestido terminado les dio un vuelco el corazón, realmente era maravilloso, parecía sacado de un cuento de hadas, llevaba miles de piedrecitas que lo hacían brillar como si de un cielo estrellado se tratase, la delicadeza de los tules combinados con varias capas de gasas y telas maravillosas hacían que el vestido flotara en el aire. A Noelia se le escaparon dos lágrimas de la emoción, fue hacia Karla y la abrazó emocionada. 

          Como ya estaba próxima la boda, las dos mujeres, madre e hija, le insistieron para que asistiera a la ceremonia, a lo que Karla accedió de buen grado. 

          Los preparativos en la gran casa fueron a un ritmo frenético los últimos días, la víspera se celebro una cena de gala a la que asistieron la mayoría de los invitados, sobre todo la familia entre la que se encontraba el primo Roberto, Karla estaba conversando animadamente con Noelia cuando al darse la vuelta y verlo se quedó helada, aunque no lo reconoció sintió pánico, durante años el rostro de aquel hombre la había perseguido en todas sus pesadillas con diferentes formas, Karla había comenzado a tender la mano al hombre que le presentaba Noelia pero al sentir el contacto retiró su mano como si la hubiesen electrocutado, no podía explicar lo que le pasó, en su cabeza comenzaron a agolparse los recuerdos, el hombre se quedó sorprendido pero no le prestó demasiada atención pues alguien reclamaba su presencia.  

          Karla sintió que le faltaba el aire y salió lo mas deprisa que pudo de la estancia y se dirigió a toda prisa a su habitación con el corazón galopando como un caballo desbocado, se sentó en la cama y se tapó la cara con las manos, ¿Qué podía ser eso tan doloroso que pugnaba por salir pero que la muchacha luchaba con todas sus fuerzas por no recordar? ¿Por qué sentía pánico de aquel hombre que no conocía? 

          En el salón lleno de gente nadie se dio cuenta del incidente menos la novia, esta se percato de lo ocurrido así que fue tras ella preocupada, una vez en la puerta de la habitación dudo si entrar o no, al final toco la puerta suavemente con los nudillos, esperó un poco y por fin escuchó la palabra –pase-, entró y vio a Karla con la cara enrojecida por el llanto, se aproximó a ella y se sentó en la cama con cara de pena. 

          ¿Qué ocurrió, alguien te ofendió? Le pregunto en un tono confidencial. 

          La verdad es que no, fue al saludar a ese pariente vuestro, no sabría decir porque pero me he puesto muy nerviosa. 

          Las dos muchachas comenzaron a charlar y poco a poco Karla se fue tranquilizando, se levantaron para ir a reunirse con los demás cuando Noelia vio encima de una mesita dos zapatitos de charol relucientes. 

          ¿Esos zapatitos son tuyos? Le pregunto un tanto alterada, si contesto Karla ya mucho más tranquila, es el único recuerdo que tengo de mi infancia. Siempre los llevo conmigo donde quiera que vaya, no sé porque, pero el tenerlos cerca me produce alegría, son como mi talismán. Karla se dio cuenta que a Noelia se le escapaban unas lágrimas y sin decir palabra la cogió de la mano y se dirigió a su habitación, en una repisa de cristal había dos zapatitos de charol idénticos a los de Karla, al verlos, a la muchacha se le agolparon los recuerdos en su cabeza, recordó que tenía una hermana, que jugaban en el jardín, que las dos se ponían los zapatos de charol rojo y que eran muy felices, su hermana era rubia, poco a poco según iba hablando iba reconociendo a aquella muchacha que tenía delante como a su hermanita de la infancia, las dos chicas se fundieron en un abrazo y lloraron todo lo que quisieron y rieron de alegría, fue un momento mágico, como lo eran los zapatitos de charol que gracias a ellos, al cabo de los años se volvieron a encontrar las hermanas. 

          Cargadas de emoción y con el corazón pleno de alegría, bajaron cogidas de la mano, en la otra mano cada una llevaba sus zapatitos de charol, se presentaron en el salón, su madre al verlas abrió los ojos como platos, no podía ser, la hija que tantos años había llorado, estaba delante de ella, entonces entre tanta emoción recordó la nota que venía junto a los zapatitos “Sed bienvenidas a este mundo y aunque la vida os de alguna vez la espalda si conserváis este regalo, siempre guiará vuestros pasos y os señalará el camino correcto”. 

          Después de los abrazos, besos y lágrimas a raudales Karla comenzó a andar seguida de su hermana, se dirigió hacia el primo Roberto y levantando la mano lo señaló con el dedo. El hombre comenzaba a sudar copiosamente, no sabía dónde meterse, pues el también la había reconocido al verla con los zapatitos de charol. Tu fuiste la persona que me arrancó del lado de mi familia verdadera, tu te reíste en mi cara y me dijiste que nunca mas volvería a verte ni a ti ni a los míos, me entregaste a los hombres del circo. Por tu culpa e pasado calamidades y mucha hambre en mi vida. 

          Los invitados que había en la sala iban rodeando a Roberto, al escuchar el relato de la muchacha les iban entrando ganas de lincharlo. 

          ¿Por qué hiciste eso le preguntó la madre de las chicas, como pudiste ser tan cruel? somos tu familia.  

          -Porque ellas me quitaron la herencia que me pertenecía, contesto el primo rojo de ira.

          La madre no podía creer semejante infamia, pues te diré que si mis hijas no hubiesen nacido, nuestra herencia hubiera sido repartida entre los pobres de la aldea, así que de ninguna manera la hubieras disfrutado.  

          El jefe de policía que se encontraba entre los invitados se hizo cargo de aquella mala persona que miraba a todos con odio y rencor y que iba directo a la cárcel, pero la madre pidió que lo metieran en el primer barco que se fuera a pescar cerca del polo norte y lo dejaran en alguna isla, no quería volver a verlo en su vida. El jefe de policía así lo hizo y le advirtió que si volvía a verlo lo encerraría en una mazmorra y tiraría la llave al mar. 

          La familia otra vez al completo fue inmensamente feliz, se celebro la boda de Noelia, hubo celebraciones por la hija devuelta después de tantos años y las dos conservaron aquellos zapatitos de charol y que gracias a ellos volvieron a reencontrarse. Y como dice mi nietecito Ismael, colorín colorado este cuento ya se ha acabado. 

                                                             FIN