Una tribu en el Amazonas

Os comparto una historia que se me ocurrió el día después de

Sant Jordi en Castelldefells.

Este relato da comienzo la noche anterior a la presentación por parte de la editorial de Isabel Montes, que exponía todos los libros que ha publicado de muchos autores y por supuesto el mío.

Este año Sant Jordi caía en viernes, y la noche del jueves fue estresante, por mi cabeza pasaron un montón de historias que nunca escribí y que me negaba a hacerlo a unas horas intempestivas, cuando de golpe me vino a la mente una poesía, si así podemos llamarla.

Cuando de jovencita nuestra profesora de química intentaba meternos en la cabeza la tabla periódica, en un arrebato de desesperación y para sacarnos del sopor, y de nuestras caras de aburrimiento nos la contó y para que veáis que no miento y que después de más de cuarenta años la recuerdo, (la poesía, no la tabla periódica) os la voy a decir:  

Ella, era bella cual cianamida cálcica

El, era apuesto cual acetato pumblico

Se miraron, y en la refulgente fosforescencia

De sus miradas, se amaron más

El padre de ella, que además de fenol era un tanto propano

Exclamó: dimetilaminopicona,

Como te vea coquetear con jóvenes monovalentes

Te propino una potasa en el cloruro

Que te desalbuminoideo.

Como podéis comprobar, tengo buena memoria, supongo que mi profesora no pensaría lo mismo, y con una sonrisa dibujada en mi cara, al final y en la madrugada, me quede dormida.

El viernes muy pronto y con los nervios a flor de piel, fui haciéndolo todo, era la venta de mi cuarto libro “Los cuentos de la maragata 4, Astorga” relatos cortos y no tan cortos en los que dejo que mi imaginación campe a sus anchas y en los que voy dejando un rastro de mi vida con un final feliz y una moraleja que nos hace pensar un poco.

Con todo este entusiasmo mi marido y yo llegamos a Castelldefels donde estaba el stand de mi editora, con motivo del día de Sant Jordi, festividad donde en Cataluña es tradición regalar una rosa a las mujeres y un libro a los hombres.

De este pueblo costero tan solo conocía la playa, donde íbamos con mis hijas cuando eran pequeñas, luego comíamos en un pinar con la correspondiente siesta y más tarde otra vez en caravana volvíamos para casa llenos de arena, torrados y cansados, pero sobre todo felices de desconectar por un día de las preocupaciones.  

La feria del libro, se hacía en la plaza Neus Català y he de reconocer que nada más llegar a Castelldefels me impresiono el edificio de la biblioteca, una especie de barrotes enormes cubrían toda la fachada, su colorido me fascinó, pero todo en ella me llamo la atención.

En ese momento no le di mucha importancia, ver tantos libros de todos mis compañeros y a la editora mirándolos con cara sonriente me animo mucho, nos dimos abrazos, de esos raros por culpa del COVID-19, aunque lo más lógico eran besos y abrazos para celebrar la exposición y firma de nuestros libros, había que tener paciencia y yo, poco a poco me fui calmando.

Los transeúntes iban y venían muy bien organizados por las autoridades que no les quitaban ojo. Cuando las fuerzas me iban dejando atrás me senté y volví la vista para la fachada de la biblioteca municipal, seguía viendo algo raro, sin saber exactamente lo que era.

Sin pensarlo mucho, los barrotes de la fachada se me asemejaron a las teclas de un piano, muy grandes y muy largas, pero a mi imaginación le gustaron. En aquel momento pensé en mi profesora de piano, deslizaba sus delgados dedos sobre la superficie de un montón de teclas blancas y negras, yo recordaba todavía las siete notas musicales gracias a las clases de música de mis hijas y mentalmente recorrí aquellas teclas gigantes. Si he de ser sincera me dio la impresión que se balanceaban ligeramente, rápidamente deseche esa idea, si lo contaba alguien me tomaría por loca, me levanté y me puse a hablar con mis compañeros escritores.

Creo que ya es hora que os presente a mis compañeras de ventas, al frente Isabel Montes la editora y escritora, luego por orden en que las saludé estaban Lis, Àngels, María Luisa, Yoli, Marina, Lorena, Leticia y una servidora Carol.

A última hora de la mañana comenzó a soplar algo de viento y el Roll-Up donde se anunciaba la editorial que estaba colocado a nuestras espaldas comenzó a tambalearse. Todas nos preocupamos porque si se caía nos podía hacer daño o tirar los libros, y no era una buena imagen para el stand.

Vi a Àngels como se preocupaba e intentaba colocarlo de forma diferente, supongo que intentaba poner un contrapeso para que no se cayera, la vi pasar por detrás de la lona y de repente dejé de verla.

Pasados unos minutos, me levanté a ver qué pasaba, no era tan grande el espacio para no verla, pero cuando pasé por detrás de la lona, yo también desaparecí.

Yoli que siempre estaba pendiente de todo, avisó a las demás chicas que estaba pasando algo raro, y una tras otra fuimos desapareciendo todas hasta que el puesto de libros quedó vacío.

Los dos seguratas que vigilaban la feria, se percataron de repente que no había nadie en el stand y se colocaron delante para que nadie se aproximara y se llevaran los libros sin pagar. Nos llamaron, pero nadie les contesto.

Cada una de nosotras, al entrar detrás de la lona, se nos habría una especie de trampilla que te hacía caer en una rampa en espiral, por la que nos íbamos deslizado, el descenso era vertiginoso y divertido a la vez.  Lo más sorprendente fue que al llegar al final de la rampa, nuestras ropas habían cambiado ahora estábamos todas vestidas como las guerreras amazonas que existieron hace muchísimo tiempo.

Al principio todas estábamos asustadas, pero al comprobar que estábamos todas y que todas estábamos bien nos empezamos a tranquilizar un poco. Todas llevábamos puesta ropas de cuero super ajustadas y unas faldas muy cortitas. En una mano una espada y un escudo en la otra, había que reconocer que estábamos de lo más sexi y guapas, nos mirábamos todas sorprendidas y satisfechas, aunque esa sensación de tranquilidad nos duró muy poco.

Nos salió nuestra vena infantil y ¿qué se puede hacer con una espada en una mano y un escudo en la otra?, es que nos lo pusieron muy fácil, empezamos a pelear entre nosotras, blandiendo las espadas que al chocar entre ellas hacían un sonido fantástico, estuvimos un buen rato y las fuerzas se nos iban agotando, cuando de repente unas palmadas, nos hicieron detener a todas al momento.

Con tanta pelea no nos habíamos dado cuenta que se habían acercado a nosotras un grupo de chicas amazonas vestidas igual que nosotras. Y otra cosa que nos sorprendió fue un dolmen aquellas piedras impresionaban por estar colocadas en una posición un tanto espectacular. Una de ellas comenzó a decir:

– Vamos a ver señoritas, un poco de seriedad, – luego se presentó, – Soy Selena, la portavoz de este lugar, porque aquí somos todas iguales, pero he de reconocer que cuando hay problemas alguien tiene que gestionar todo esto, y esa soy yo porque me eligieron por votación general. –

A todas se nos pasó por la cabeza que nosotras tenemos a Isabel, que es una más, pero a la vez es la jefa de la editorial y siempre nos ayuda y nos asesora en cualquier tema. Y como era de esperar, se adelantó y sin más preámbulos fue directa al grano.

– En primer lugar, ¿nos gustaría saber dónde nos encontramos? ¿Se puede saber que significa todo esto? –

En ese momento para apoyar a Isabel, comenzamos a hablar todas a la vez, aunque haciendo todas las mismas preguntas.

– Por favor señoritas, tengan calma, les daré toda clase de explicaciones, sean tan amables de seguirme a un lugar más apropiado. – Dijo Selena.

Nos miramos todas y estuvimos de acuerdo, tampoco teníamos nada que perder, y queríamos entender que hacíamos en aquel lugar, así que la seguimos.

Selena nos condujo a una estancia muy amplia y con mucha iluminación natural, en el centro había una mesa circular, con muchas sillas y detrás de cada una de ellas, una amazona con los brazos cruzados.

Si nos apuraban, hubiésemos dicho que estaban dispuestas a pelear en cualquier momento, tenían cara de pocos amigos, cosa que a ninguna nos hizo gracia, una cosa era jugar entre nosotras con aquellas espadas cortantes que en realidad ninguna utilizábamos bien, y otra hacer cabrear a las amazonas que por sus gestos debían saber muy bien cómo utilizar dichas herramientas. Nos sugirió Selena que dejáramos allí los escudos y las espadas ya que no las íbamos a necesitar durante nuestra estancia.

En silencio nos deshicimos de las armas y nos fuimos sentando y esperamos que el resto de chicas hiciesen lo mismo, pero ninguna de ellas se movió de su sitio, Selena se sentó en una silla a modo de trono y nos miró a todas con una gran sonrisa. – No os preocupéis por las amazonas, son buenas chicas y vosotras, puedo aseguraros que no corréis ningún peligro. –

– Somos un grupo de amazonas que vivimos en un país paralelo al vuestro, aunque si he de ser sincera lo cuidamos mucho mejor que vosotros, es verdad que en tecnología nos ganáis con creces, pero aquí tenemos todo lo que nos hace falta, la tierra nos brinda sus frutos generosamente y si hay intrusos sabemos cómo defendernos de ellos. Veo en vuestras caras la misma pregunta, ¿Qué hacemos nosotras en este lugar? –

Todas asentimos repetidamente, Selena continúo hablando,   – Nosotras no os hemos llamado, sois vosotras las que de alguna forma habéis conseguido la contraseña para entrar en nuestro mundo. –

– ¿Perdona? –  Dijo Isabel, – de qué clase de contraseña nos estás hablando, que yo sepa lo único que hacíamos era vender los libros de mis autores y autoras de los últimos seis años que es cuando fundé la editorial.

Continuó Selena, – En la fachada de la biblioteca hay una especie de barrotes, con ellos también se puede hacer música, ¿alguna a probado a componer alguna canción? –

Nos miramos todas un tanto perplejas, todas negaron con la cabeza, yo fui la única que ni negué ni confirmé.

Yoli me miro con una sonrisita maliciosa, – mamá, se puede saber lo que has hecho, mira que te conozco y sé que ya has dado rienda suelta a tu imaginación. –

– ¡Pues si! La verdad es que desde un principio los barrotes de la biblioteca me llamaron la atención, tenían algo especial, pero no sabía lo que era. Una de las veces que estaba muy cansada y me senté en una silla, me quedé mirando los barrotes y me entretuve imaginando que eran las teclas de un piano y toqué las siete notas musicales primero en sentido ascendente y luego retrocediendo. En mi defensa diré que nunca pensé que tocar el piano en mi imaginación, abriría la puerta a un mundo paralelo, pero también tengo que decir que la contraseña es un poco pobre. –

El resto de mujeres de aquella mesa redonda me miraban con cara de sorpresa, no entendían nada, ni mis compañeras ni el resto de amazonas.

Seguí hablando – Pido perdón por la intromisión, no ha sido voluntaria – dije un poco acalorada, – la verdad es que tener demasiada imaginación a veces me crea problemas, pero esta vez ha superado todas mis expectativas. Pero si ustedes quieren, nosotras nos volvemos por donde hemos venido y nos olvidamos de todo. –

– De eso nada, – dijo Serena, – Podéis estar tranquilas por vuestras familias, cuando alguien entra en nuestro mundo, el tiempo se detiene. Quiero decir que, aunque estéis aquí varios días, cuando volváis es como si realmente hiciese unos minutos que lo abandonasteis. –

– Carol, no hace falta que te disculpes, llegar hasta nosotras es medianamente fácil como has podido comprobar, tenemos otro secreto mucho más profundo, protegemos un gran tesoro. En un enorme libro sobre la naturaleza, hemos puesto pistas de como encontrar el tesoro para que si llegamos a desaparecer las amazonas los humanos lo puedan encontrar. En tres ejemplares que hemos repartido por el mundo hemos puesto una parte en cada uno que indica como hacerse con el tesoro, la suma de los tres descubrirá la ubicación exacta. Aunque si soy sincera eso no nos preocupa lo más mínimo. –

De repente se puso en pie, – ya está bien de hablar de tesoros escondidos, somos muy malas anfitrionas porque nunca tenemos visitas. Comenzaremos por enseñaros como vivimos y cuáles son nuestras costumbres. –

Cada una de nosotras fue acompañada por una amazona, que, al principio estaban un poco ariscas, pero pasados los primeros instantes, comenzamos a charlar con ellas hasta por los codos a todas nos entusiasmaba la forma de vivir de aquellas mujeres.

Su mundo era realmente maravilloso, todo se aprovechaba, se reciclaba o se reutilizaba, nos invitaron a tomar zumos de frutas muy sabrosos que ni conocíamos. Luego nos hicieron un baile de bienvenida, que se empeñaron en que nos uniésemos a ellas y acabamos bailando y pasándolo en grande, todo parecía una gran fiesta, y como nosotras hacía más de un año que no podíamos salir a bailar, lo disfrutamos como locas y acabamos exhaustas.

Al día siguiente nos querían enseñar más cosas de las que hacían ellas, para mayor comodidad nos dividimos en dos grupos, las que optaron por montar a caballo y las que nos apetecía más el tiro al arco.

No penséis que nos fue fácil adaptarnos, aunque los caballos eran muy mansos, las chicas tan pronto estaban arriba como abajo, era cuestión de decidir en que parte se estaba mejor. Las de tiro al arco también tuvimos nuestros problemillas, casi dejamos intactas  las dianas, sin embargo, todo lo que había a su alrededor quedó muy tocado, tengo que decir que las amazonas que nos acompañaban les era muy difícil contener unas risas, tuvimos que animarlas a que se riesen con nosotras todo lo que quisieran.

 Ellas eran perfectas en todo, tenían una vida ideal sin estrés ni contaminación, pero creo que pienso en nombre de todas mis compañeras que no cambiamos nuestra vida por esa, incluida nuestra afición por escribir y los avances tecnológicos con los que contamos actualmente.

Para ser sincera la única que destacó y se salvó de las risas de las amazonas fue Lorena, montaba a caballo de forma magistral, detalle que no se le escapo al resto de las amazonas.

Fue pasando el día y vi como Yoli e Isabel cuchicheaban entre ellas, lógicamente con disimulo me acerqué, – ¿hay algún problema?-

– Puede que sí, – contesto Yoli, – hemos comprobado que todas nuestras conversaciones son escuchadas por las amazonas, no tienen teléfonos y ni falta que les hace, son demasiado listas para utilizar el viento como conductor.  Algunas de las plantas que a la vez que les dan frutos sabrosos, hacen de pantallas donde revotan los sonidos. ¿Te has fijado que siempre hay alguna amazona cerca para captar todo lo que decimos? –

Me quede pensando, lo que me decían podía tener su lógica, las amazonas cumplían todos nuestros deseos, aunque no le hubiésemos pedido nada directamente a ellas, tan solo eran conversaciones entre nosotras. Ninguna lo habíamos tenido en cuenta, pero a partir de ese momento se volvió un poco rara la situación, como que violan tu intimidad.

Recordé una cascada bastante cerca de allí y las animé a todas que me acompañasen para refrescarnos un poco. Una vez a la orilla del lago Isabel y Yoli metieron los pies en el agua cristalina, yo reusé meterme en el agua, pero el resto sí que se animó a mojarse hasta por encima de la rodilla, por el contrario, todas las amazonas que nos habían acompañado se quedaron fuera del agua, observándonos.

Se me ocurrió con las manos lanzarles agua, lógicamente se inició una guerra de agua, unas chillaban, otras corrían para que no las mojaran, pero había alguna que hasta se tiraba agua a ella misma por eso de seguir el juego.

Mientras jugábamos con el agua me acerqué con disimulo a Yoli y le susurré que con todo aquel barullo las amazonas serían incapaces de escuchar lo que hablásemos. Tenía que aprovechar para hablar con Isabel, y buscar una manera para que pudiésemos volver a casa, todo aquello estaba muy bien, pero nuestra vida estaba en otra parte y nuestros seres queridos también.

Después de un buen rato, Isabel nos pidió volver al campamento, quería hablar con Selena y todas de buen agrado salieron del agua, durante el viaje de vuelta las chicas comentaban con las amazonas porque no se habían querido mojar, que era muy divertido, pero no nos contestaron nada, más bien cambiaron de tema. Nos lo estábamos pasando muy bien, en realidad, no sabíamos si llevábamos horas, días o semanas, porque parecía que lleváramos una eternidad allí.

Al finalizar la comida nos llevaron a la mesa redonda donde nos estaba esperando Selena, cuando estuvimos todas sentadas y en silencio, Isabel hizo la pregunta de forma muy directa, – ¡Cuando volveremos a nuestro mundo? –

Selena muy tranquila y simpática, nos confirmó que cuando nosotras quisiésemos irnos, solo lo teníamos que pedir. Tan solo nos puso una condición, una de nosotras se tendría que quedar con ellas.

Al escuchar esto, todas comenzamos a protestar, aquello no era justo, como iban a decidir quien se quedaba, se nos estremecía el cuerpo por minutos, pensando en la familia de la persona elegida, todo lo que iban a sufrir, aunque ella estuviera viva y bien atendida, también echaría de menos a sus seres queridos.

Selena, nos pidió silencio y comenzó a explicar, – tal vez no sea justo, pero vosotras decidís, o quedáis todas o una se queda y las demás os vais. Su vida entre nosotras será maravillosa y mucho más larga de lo que vive la gente en la tierra, y hemos decidido por unanimidad que la que se tendrá que quedar es Lorena. –

La muchacha se quedó blanca y paralizada por el miedo. Pero de repente dijo: – Lo lamento, pero yo me voy a mi casa con todas mis compañeras, tengo marido y un hijo que me necesitan. – dijo conteniendo las lágrimas. Isabel la abrazo y le susurro algo al oído, cuando se hubo separado, empezó a hablar para que todas la escuchásemos.

– Lorena, yo sé que eres una buena chica y que, si alguna hemos de hacer un sacrificio para bien de las demás, lo tendremos que hacer. Ellas te han elegido a ti, todo el grupo estaremos apenadas porque te quedes, pero entiende que las amazonas tienen sus normas y necesitan chicas jóvenes para seguir subsistiendo. Mañana por la tarde volveremos a nuestro mundo, por la mañana podemos disfrutar todas juntas haciendo alguna actividad para despedirnos de estos días tan especiales. –

Isabel le hacía gestos a Lorena con disimulo con la mano para que agachara la cabeza. Le pidió permiso a Selena para ir a dar un paseo con Lorena, tenía que darle sus razones para que cumpliese con lo que las amazonas le exigían, y salieron al exterior.

 Mientras Yoli intentaba apaciguar al resto de las escritoras. Se dirigió a ellas en plan conciliador, aunque muy seria, las estaba animando a que hacer lo que las amazonas les pedían era lo mejor para todas, a medida que se cruzaba la mirada con las chicas, les guiñaba un ojo en señal de complicidad y cuando alguna le iba a rebatir la frenaba en seco.

– Mirad, – les explicó Yoli, – es mejor evitar los comentarios, no sirven para nada, ya sabéis que las palabras se las lleva el viento y luego se pueden escuchar muy lejos, encontraremos una solución a “nuestro problema” y recalco esta frase para intentar tranquilizarlas.-

Por la mañana todas estábamos un poco nerviosas se acercaba el fin y nos daba pena, a unas y a otras. Amazonas y escritoras decidimos aprovechar al máximo el tiempo que nos quedaba juntas. Organizamos excursiones a todas partes, nos dividimos en varios grupos para ver las máximas cosas posibles.

La que consiguió despistarse de todos los grupos sin que nadie se diera cuenta fue Yoli, que sin habérselo dicho a nadie tenía en su poder un móvil, en nuestro mundo todos tenían uno, incluso los niños, pero aquí hubiera sido una locura explicar para que sirve (creo que ya hacen de todo), no existían en este mundo y no quería romper la armonía del grupo.

La noche anterior habló con Lorena, y le comentó que por la mañana dijera que no se encontraba muy bien, y que prefería estar sola dando un paseo. Quedaron en encontrarse las dos junto al dolmen donde aparecieron en este mundo. 

Cuando apareció Lorena le explicó cual era el plan, por supuesto se lo hizo entender por señas o susurrando para que nadie lo escuchara, aunque estuviera a muchos metros de distancias.

 Yoli le enseñó dónde colocarse y como despedirse con las manos en alto, hizo que lloraba y se ponía detrás del dolmen. Siguió con las señales, y le preguntó si lo había entendido. A lo que Lorena asintió con la cabeza. Repitió toda la escena mientras Yoli lo grababa todo con el móvil. A continuación, le indicó que se fuera para la cabaña e hiciera que se encontraba mal y que no dijera nada a nadie.

Poco a poco fueron volviendo los grupos de las excursiones y Yoli se mezcló entre todas y nadie se dio cuenta que no había estado con ningún grupo, porque preguntaba y explicaba cosas igual que el resto.

Por la tarde después de comer un gran banquete, se dispusieron para volver al mundo del que procedían, todas las escritoras se abrazaron a Lorena, lloraban sin consuelo y le daban las gracias por sacrificarse por todas ellas, se despidieron también de las amazonas, para ellas también fue un mal trago, en tan poco tiempo les habían cogido cariño, luego todas las amazonas se fueron a sus obligaciones.

Nos quedamos solas con Selena, y Yoli les pidió a las chicas que se pusieran juntas detrás de ella, para que no se despistara ninguna y a Isabel le pidió que dijera unas palabras, y todas se quedaron mirándola en silencio, Yoli aprovechó para llamar la atención de Lorena, la metió en el centro del grupo y le echo por encima los hombros una de las capas de las amazonas, luego le susurro que estuviera un tanto agachada y a las demás les señalo que la arropasen.

Con unos movimientos rápidos puso en marcha su móvil, reflejando en la pared las imágenes de Lorena despidiéndose de ellas y llorando hasta que desapareció detrás del dolmen. Todas las escritoras se quedaron perplejas con todo aquel montaje, un leve chasquido de los dedos de Yoli las sorprendió, les indicó que era la hora de irse, nos despedimos con mucho cariño de Selena y de repente una especie de aspirador nos fue subiendo a todas hasta llegar a la superficie.

Nuestras ropas volvieron a ser las que llevábamos habitualmente, y cuando salimos de detrás del Roll-Up que anunciaba la editorial, respiramos todas tranquilas muy contentas de haber vuelto a nuestra vida. Al ver a Lorena, no pudimos menos de aplaudir y abrazarnos unas a otras.

Cuando nos tranquilizamos un poco, nos ubicamos estábamos detrás de la mesa donde nuestros libros estaban flamantes, vimos a dos policías que estaban delante de nuestro stand y nos miraban perplejos.

– Perdonen, vimos que no había nadie y nos pusimos aquí delante para que los paseantes no se acercasen, ¿dónde estaban todas? ¿tienen algún problema? – Nos dijo uno de los policías.

– No se preocupen, – dijo Isabel, – era un problema sin importancia y ya lo hemos solucionado, les doy las gracias en nombre de todos mis escritores por vigilar el stand y para agradecérselo les regalo un libro a cada uno, vuelvan cuando quieran. –

El policía contestó –  No hace falta que nos regale nada, es nuestro trabajo y no han pasado más que cinco minutos- Pero Isabel insistió porque para nosotras habían pasado mucho tiempo incluso diría que varios días.

Isabel se dio la vuelta, todas las chicas estábamos esperando sus palabras, ella comenzó a hablar. – Tengo que reconocer que es la primera vez que nos ocurre esto, y he montado muchos stands.  

La forma de rescatar a Lorena ha sido bestial, y todo gracias a Yoli, me gustaría ver la cara de… ¡demonios! como se llamaba la jefa de la tribu esa, ¿era Soraya?, recuerdo que me hablo de un gran tesoro que escondían, una fuente de la vida, o tal vez era un río, no consigo recordar casi nada, me dijo que la clave estaba en unos libros, pero no me acuerdo de nada más. –

De repente nos encontramos todas mirándola sin saber lo que estaba diciendo, las imágenes y las personas se habían borrando de nuestra memoria y no entendíamos lo que nos estaba explicando.

Por la tarde vinieron Mª Jesús y Águeda también a firmar sus libros y ninguna de nosotras sacó el tema de la experiencia que habíamos vivido, porque ninguna nos acordábamos de nada.

Cuando de repente Mª Jesús, miró los barrotes de la biblioteca e hizo un comentario. Ninguna supo porque pero todas gritamos a la vez – ¡NO! – nadie entendía nada pero le echamos la culpa al calor que hacía y la cantidad de horas que llevábamos allí, no pudimos por menos que echarnos a reír todas.

Al día siguiente cuando Yoli revisó las fotos que había hecho al stand y a todas las chicas firmando sus libros se encontró con unas fotos que ella no había hecho, había caras que le resultaban conocidas pero la ropa que llevaban, solo las había visto en las películas.

Los paisajes eran espectaculares, había una cascada preciosa, y decidió mandar las fotografías al grupo de los escritores pero nadie supo reconocer ninguna foto. No se quedó conforme, tenía que averiguar cuando se habían hecho esas fotografías con su móvil y donde era ese lugar tan bonito, seguro que no parará hasta que lo encuentre.

FIN

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La antesala.

Concurso organizado por Escuela Tinta Purpura – Relato de 200 palabras sobre la imagen.

Después de contemplar unos instantes esta foto ya creo a qué lugar pertenece, estoy segura que es la antesala de las calderas de Pedro Botero, personalmente no conozco el lugar, tan solo hablo de lo que me enseñaron en el colegio mis monjitas, pero el que se crea, qué después de esta vida de penurias se va a ir a descansar a un lugar calentito y lleno de famosos, políticos y variedad de pillos y ladronzuelos, no sabe lo que equivocado que esta. Y si piensan que allí van a encontrar relax todo el día, podéis mirar detenidamente la foto y ver el brillo que reina por todas partes.

Si sois buenos observadores veréis en la parte superior de la foto en el rincón de la izquierda la cabeza y un brazo de un pobre hombre que se negó a trabajar, si alguno se está planteando pasarse al bando de Botero que se lo piense dos veces.

Lo que me intriga es saber quien tuvo los arrestos para ir hasta allí, sacar la foto y volver para publicarla. ¡¡Eso solo lo hacen los valientes!!

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Relato

Una cosecha suculenta.

Concurso organizado por Escuela Tinta Purpura – Relato de 200 palabras sobre la imagen.

Desde mi ventana del comedor en plena montaña, por las mañanas es una delicia ver el trasiego que traen un grupo de ardillas, sus colores relucen con los primeros rayos del sol de forma espectacular, suben y bajan por los pinos con una rapidez digna de cualquier deportista de élite, saltan de unas ramas a otras con la misma seguridad que nosotros hacemos cuando caminamos. Muy pocas veces tocan el suelo y vuelven a su entorno que son la parte alta de los árboles.         

Llevaba un tiempo sin ver a la más grande de ellas, hasta que un día vi en un periódico su foto, me quedé alucinando, estaba colocada sobre un cajón que en su parte inferior contenía bastantes nueces y pensé ¿Cómo ha podido hacer esa cosecha si aquí solo hay pinos? Fui leyendo el artículo que acompañaba la foto y me di cuenta del error que estaba cometiendo la pobre ardillita. Ella estaba muy orgullosa custodiando su preciado tesoro cargado de nueces y el hombre que las había colocado allí estaba igualmente orgulloso por estar a punto de capturar aquel ejemplar para su colección de animales disecados.

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Un atardecer para enamorados.

Concurso organizado por Escuela Tinta Purpura – Relato de 200 palabras sobre la imagen.

Helena era una jovencita muy hermosa con una melena rubia y llena de rizos que enamoraban a cuantos la conocían, vivía en un gran castillo donde su padre el rey y sus antecesores, hacían que la vida de sus moradores fuese muy cómoda y monótona, no disponían ni de unas pequeñas bombillas pues no existía la electricidad.

Alejandro era un joven soldado que su misión era cuidar que nadie perturbase la paz de aquel castillo, había oído hablar de la hija del rey pero no la conocía. Una tarde que hacía su ronda vio como un encapuchado intentaba saltar la valla, sin pensarlo dos veces lo atrapo y lo derribo, cuál fue su sorpresa cuando le destapo la cara y pudo contemplar el rostro más hermoso que vio jamás.

Por favor te lo pido, no me delates, necesito escapar y ver lo que hay fuera o moriré. Alejandro se enamoró de ella, y los dos se dirigieron al mar para huir en una barquichuela, la puesta de sol era tan espectacular, que pagaron al barquero y más adelante se fueron a otra playa, allí se hicieron pescadores y vivieron felices para siempre.

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Estrellas fugaces

Concurso organizado por Escuela Tinta Purpura – Relato de 200 palabras sobre la imagen.

Pasaban dos borrachos por un hermoso parque, uno de ellos arrastraba su gabardina, el otro apenas podía con la botella de vino peleón que llevaba en su mano derecha, de repente Pablo el de la gabardina cayó al suelo y no decidió levantarse porque su cuerpo no hubiese resistido semejante esfuerzo, Pedro, que seguía con la botella se dejó caer para ver a su amigo.

¿Qué te parece si hacemos un alto en el camino y reponemos fueras? El primero asintió con la cabeza y los dos acabaron tumbados en el suelo mirando al cielo sin apenas verlo. De repente Pedro reparó en algo que brillaba por encima de ellos.

¿Has visto esa estrella fugaz que tenemos encima de nuestras cabezas? Mira que eres tonto, le contesto su amigo, estamos en un salón de baile y eso son bombillas para que podamos bailar sin tropezarnos. Te digo que no, que son estrellas fugaces y te lo voy a demostrar, se incorporó como pudo y lanzó su botella después de vaciarla contra la estrella fugaz, por suerte para las bombillas ni las rozó, lo que consiguió fue un buen chichón gracias a la botella.

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La fortaleza impenetrable

Concurso organizado por Escuela Tinta Purpura – Relato de 200 palabras sobre la imagen.

Hubo un rey que construyo una fortaleza totalmente blindada para que nadie pudiese entrar, hasta el cielo se alió con ese rey, lo envolvió en un manto verde y gris oscuro. Estaba rodeada de agua, cocodrilos y animales casi prehistóricos que eran capaces de destruir todo lo que se le pusiese al alcance.

         Pasaron tantos años y siglos que el resto del mundo se había olvidado de que en aquel lugar maldito había vida hasta que un día se aproximó un barco de recreo, era una familia con un muchacho muy aficionado a los drones, viendo aquella maravilla de lugar, aunque un poco tétrico el muchacho lanzó su dron con cámara incluida y lo que vio en la fortaleza lo dejó anonadado, volvió a recoger su dron y lo cargo con todas las fotos de las que disponía y volvió a poner la máquina sobre la cúpula de aquel lugar, luego a su orden las fotos se dispersaron por todo el recinto. Lo que ocurrió a continuación fue sorprendente, el puente levadizo bajo y una comitiva con personajes de cientos de años salieron a recibir a sus visitantes.