Esta es la historia de un muchacho llamado Àlex que, a pesar de ser un gran muchacho, tiene algunos “defectillos”. Básicamente… como el resto de la humanidad, claro está. La diferencia es que el resto de la humanidad no convive con su madre todo el día, Sonia tiene que armarse de paciencia a diario, como suelen hacer la mayoría de las madres.
Sonia era de esas personas que, incluso cuando se enfadan, lo hacen con cariño. Tenía la manía (buena manía) de pensar que casi todo se arregla con el tiempo, y siempre repetía la misma frase: «El tiempo lo pone todo en su sitio».
Àlex era un niño inquieto, divertido, de los que no paran ni un segundo. Si no estaba corriendo detrás de una pelota de fútbol con sus amigos, estaba tirado por el suelo haciendo carreras con sus coches de miniatura. Conducía esos coches como si fuera un piloto profesional: hacía derrapes en la alfombra, adelantamientos en la esquina del sofá y hasta montaba circuitos imposibles con cojines y cajas.
Pero… cuando algo no salía como él esperaba, se enfadaba. Y cuando se enfadaba, se le notaba. Era como si su genio le explotara en la punta de la lengua, listo para salir en forma de grito.
Y además tenía otra cosa: un miedo tonto, de esos que uno sabe que son tontos… pero que por dentro se sienten como si fueran enormes. A Àlex le daba miedo la oscuridad.
Por eso Sonia, cada noche, hacía lo mismo: le dejaba una luz encendida. No una luz fuerte, no. Una lucecita pequeña, suave, de esas que apenas alumbran, pero que te hacen sentir acompañado.
Una noche como suele hacer ella siempre lo arropó y le dio las buenas noches, pero sin darse cuenta apagó la luz. – ¡MAMAAAA! – Grito Álex a pleno pulmón, – ¿Cuántas veces tengo que repetirte que no apagues la luz? – dijo bastante enfadado.
-Perdona hijito- dijo su madre con todo el cariño del mundo, -es que tengo tantas cosas en la cabeza que a veces se me olvida, pero no hace falta que me grites que no soy sorda “todavía”- y sonrió con cariño, este gesto hizo que su hijo se calmase y le diese las buenas noches a su mama.
Àlex cuando llegaba la noche, siempre estaba súper cansado, entre el colegio, los deberes, los extraescolares y jugar con sus amigos, a los pocos segundos de apoyar la cabeza en la almohada ya dormía plácidamente
Esa noche no había pasado ni una hora, que mientras dormía, en sus sueños escucho un ruido extraño, el niño miraba a todas partes, pero no conseguía ver nada, tan solo era capaz de ver sombras, estaba muy oscuro le pareció ver como una hoja que se movía en el suelo, un perrito que pasaba delante de él a toda prisa, algún objeto que caía de un árbol, todo era muy raro y pese a que sabía que estaba soñando, la propia oscuridad lo estaba sacando de sus casillas.
-¡¡¡Ya está bien!!!- Grito para ahuyentar el miedo que sentía en la oscuridad, no me gustan las pesadillas, me despertaré y todo se acabará. Pero no fue así, no conseguía despertarse hasta que escucho que alguien lo llamaba por su nombre.
Muy enfadado, como solía hacer con frecuencia el niño grito, – ¿Quién demonios esta hay? – Pero nadie respondió, un silencio de minutos interminables inundó el sueño de Àlex. Aunque en realidad tan solo habían pasado unos segundos.
El niño ya iba a protestar de nuevo cuando un pequeño carraspeo lo detuvo, y escuchó una voz que decía – Hola, soy El Primo Secundino … – pero no pudo continuar su explicación, lo detuvo una gran carcajada. Al momento la voz subió de tono cortando la risa – ¿Se puede saber qué demonios te hace tanta gracia? -, dijo la voz.
– ¿Quién eres y porque te llamas con ese nombre tan ridículo? – Secundino echaba humo por las orejas, pero se contuvo porque no le gustaba enfadarse, respiró hondo y dijo: – Vamos a ver niñato. En primer lugar, mi nombre lo han llevado durante generaciones personajes muy ilustres y, en segundo lugar, soy un genio “El Primo Secundino”

Aquella explicación dejo un poco descolocado al niño. – Si de verdad eres un genio, déjame que te vea, ¿o estas escondido en una lámpara como hace Aladino?
– De acuerdo -, dijo Secundino, – pero estas no son formas de conocerme, tendremos que trabajar un poco ese pronto que tienes, no puedes enfadarte por todo, me gusta más cuando sonríes, estas más guapo.
De entre la oscuridad salió un personaje bastante divertido, una sonrisa amable y que se movía con gran facilidad, Àlex lo estudio desde todos los ángulos hasta que le dijo.
– Si eres un genio, ¿Dónde tienes la lámpara, he listillo?
– En ninguna parte sabioncillo, ¿por qué tengo que tener una lámpara?
– Pues yo he visto la película de «Aladino y la lámpara maravillosa» y yo pensé que todos los genios vivían así.
En ese momento fue Secundino el que soltó una gran carcajada, – Ahora que ya nos conocemos – le dijo, – vamos a empezar por el principio. El niño asintió con la cabeza y se sentó delante del genio y escuchó con mucha atención.
Nos remontamos a muchísimos años atrás en el tiempo, concretamente a la época romana, a la vez que los humanos aprendieron a poner muchos conocimientos en marcha, en un mundo paralelo, duendes, genios, hadas y otros seres mágicos, comenzamos a dominar el espacio de la fantasía.
Como los romanos comenzaron poniendo a sus familias primogénitos, y después por orden, segundos, terceros y así fueron contando, en nuestro mundo.
Al primer genio lo llamaron Aladino, porque podíamos volar, aunque también podíamos hacer otras muchas cosas eligieron ese nombre. Yo vine detrás de él y por ese motivo soy Secundino, ocupando el segundo lugar.
Pero a mí eso de vivir en una lámpara no me gustó nada, yo elegí el mundo de los sueños, es mucho más divertido porque puedo trasmitir nuestros poderes a grandes y pequeños mientras duermen.
El niño no se podía creer todo lo que el genio le explicaba, se quedó pensativo y dando unas palmadas con sus manitas le dijo, – ahora entiendo porque te llamaron el Primo Secundino, ¡Pero no te preocupes!, yo también soy el segundo en mi familia. Tengo una hermana mayor que yo, aunque por suerte, en la tierra tenemos mucha más variedad de nombres, si tú quieres te llamaré Secun para que sea más familiar.
– Me parece muy bien, ya veo que eres un niño muy espabilado, así que a partir de este momento nos vamos a divertir de lo lindo, tú me dices lo que quieres hacer y yo te concedo tu deseo.
En la cabecita de Álex se agolparon tantos deseos a la vez, que no sabía por cual empezar, pero como el genio era capaz de leer sus pensamientos se los puso en orden y comenzó a ponerlos en marcha uno tras otro, el primer deseo del niño fue jugar al futbol como Ronaldo, pues dicho y hecho, al instante se encontraron el genio y el niño en un grandioso campo de futbol.
Àlex miraba entusiasmado un partido de Ronaldo, el genio viendo que no se movía le dio un pequeño empujón, ¡vamos adelante, no querías ser como Ronaldo, pues acércate a él y por un ratito te convertirás en él y podrás jugar siendo Ronaldo!

El niño no se lo pensó dos veces y cuando se acercó al futbolista que en ese momento estaba parado, en cuestión de segundos Álex había absorbido todo el conocimiento de Ronaldo, y los demás jugadores ahora eran niños de su edad, corría a la velocidad del viento, regateaba a todo el que se cruzaba en su camino y en cuestión de minutos le metió al portero contrario un par de goles, que el pobre niño no fue capaz ni de ver entrar el balón en su portería.
Después de un par de horas corriendo por todo el campo como un loco, siendo un genio como su ídolo, le hizo una señal al genio y este lo volvió a colocar a su lado.
-¡¡¡Ha sido maravilloso, fantástico, increíble!!!- dijo Àlex a pesar del cansancio, era incapaz de parar de decir elogios, – ¡De verdad que eres un Genio y de los mejores! ¡Qué digo… eres el mejor de todos los Genios! – y le dio un abrazo que lo dejo sin respiración.
Ese día al despertar, el niño estaba eufórico, su madre se dio cuenta enseguida y le pregunto a que se debía tanta alegría. – ¡Mamá, no veas que sueño más bonito he tenido!, he jugado al futbol como Ronaldo, he metido dos goles… de verdad que cuando sea mayor quiero ser un futbolista como él.
Mientras el niño seguía dando explicaciones, la madre se sintió muy orgullosa de verlo hacer planes para su futuro. Y, aunque ella sabía que había sido solo un sueño, se sintió muy orgullosa de verlo tan feliz.
Después de un par de noches Secun volvió a aparecer en los sueños de Àlex, estuvieron hablando un buen rato y el niño le dijo que le gustaría que su hermana mayor disfrutara con ellos, así que dicho y hecho, su hermana apareció en su sueño, después de las presentaciones los tres se lo pasaron maravillosamente bien. Reían, corrían, inventaban cosas… parecía una noche perfecta.
Pero de pronto, en un momento, aparecieron unos ogros enormes. Eran altos como torres, con pasos pesados, caras feas y gruñidos que retumbaban como truenos.
Secun se acercó a Álex y le dijo en un susurro que él no podía pelear con los ogros… pero que su hermana y él estarían protegidos por una buena amiga suya y dicho esto desapareció.
Al lado de los dos hermanos apareció una capa negra, y escucharon una voz que les dijo que se cobijaran en ella, dentro estaba totalmente oscuro y el niño comenzó a sentir miedo.

Su hermana mayor lo abrazó para darle seguridad, pero Àlex estaba temblando. Hasta que notó algo que lo envolvía y escuchó un susurro que le dijo que era la oscuridad y que con ella nada le podría pasar. Los que están fuera no podrán veros, aquí estáis seguros.
Sin saber cómo, la capa oscura los llevaba flotando por el aire, silenciosos e invisibles.
Cuando estuvieron a salvo, la oscuridad abrió la capa y la luz del exterior entró poco a poco. – Espero que a partir de ahora dejes de tenerme miedo – le dijo la oscuridad al niño, – ya ves que no soy tan mala, te protejo en tus sueños y fuera de ellos, cuando estés en algún lugar oscuro piensa que yo siempre estaré allí para protegerte – Àlex asintió con una leve sonrisa – Gracias… – dijo, bajito – Gracias por habernos ayudarnos.
A partir de ese día los dos hermanos fueron cómplices en sus sueños, el niño aprendió a quitarse el mal humor, ser más amable y contestar mejor. Y sé de buena tinta que ese cariño y amistad con su familia, perduró a lo largo de los años.
FIN